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Si algo ha tenido de positiva la pandemia, al menos para mí, y a pesar de los muchos y globales infortunios y dificultades, es que he podido participar de las reuniones semanales del Club de Lectura J. R. Ribeyro. 

Este club nació el 2 de marzo de 2018 y forma parte de las actividades culturales promovidas por la Municipalidad de Miraflores en Lima, Perú. Desde que supe de esos encuentros deseaba participar de esas tertulias coordinadas por Luis Yslas Prado, quien, como saben, fue el editor de mi primer libro, Te ofrezco mis puertas, y con quien además había tomado varios cursos de escritura y lectura. 

Mi deseo fue escuchado y gracias a que ahora las reuniones son virtuales, desde el mes de abril, todos los jueves de 5:00 a 7:00 p. m., me sumerjo en un mundo que solo los que somos amantes de los libros y de la buena lectura pueden entender. Es como si entrara en un universo paralelo. En mi casa ya saben que tengo esta cita semanal y que solo algún tema urgente puede hacer que no participe. Todos los jueves, antes de empezar, les digo: me voy a la tertulia en Lima hasta las siete. 

La dinámica recurrente es que, cada mes, Luis envía una lista de libros, a manera de propuestas. Los dos libros que obtienen más votos son los que se leen el mes siguiente. Por ejemplo, para este diciembre, uno de los que salió elegido por abrumadora mayoría fue El libro de la señorita Buncle de Dorothy Emily Stevenson. Según la cantidad de páginas leemos el libro de una semana a la otra o si no, como en el caso de Miss Buncle, lo comentamos en dos sesiones. 

Para la primera sesión del jueves pasado leímos los primeros catorce capítulos, y a partir de ellos reflexionamos sobre la figura de la mujer escritora, las relaciones entre el autor y el editor, los diversos efectos que produce la lectura en la sociedad y, finalmente, sobre esa relación siempre compleja entre la ficción y la realidad. Para el jueves que viene nos toca la conclusión del libro. Son dos horas a la semana que se pasan volando.  

Luis coordina las reuniones presentando al inicio de cada sesión un resumen del autor, con sus aspectos más relevantes, y después abre la sesión a los comentarios de los participantes que, por lo general, somos alrededor de 25. Ustedes podrán pensar: ¿cómo se puede manejar una reunión por Zoom donde tantas personas hablan? Pues les digo que es posible. La persona que quiere intervenir pide la palabra por el centro de mensajes de la aplicación y Luis va organizando los comentarios y preguntas. Los que estamos allí hemos amado o tal vez odiado un libro o un cuento, pero respetamos lo que cada uno tiene que decir y lo que más me gusta es que Luis siempre rescata algún aspecto de la participación, haciéndote sentir importante. ¡He aprendido tanto durante estos meses! Poco a poco me he sentido más confiada de intervenir ya que los integrantes del club tienen un nivel de análisis muy profundo.

El libro salvaje de Juan Villoro, que comentamos en un taller dictado por Luis hace unos meses, ha sido una de las novelas que más me ha gustado de todo lo que he leído este año y ahora forma parte de mis libros preferidos. Es la historia de un libro que se resiste a que lo lean y que guarda entre sus páginas un secreto destinado al lector que sea capaz de atraparlo. Y lo que logró ese libro fue que no quisiera dejar de leerlo. Me llamó la atención que al pedirlo por Amazon lo tuvieran catalogado como un libro infantil. Nada más lejos de la realidad. 

Stoner de John Williams es otra novela que  ahora también está entre mis libros preferidos. Su personaje principal es un profesor de literatura quien carga con una lucha interior intensa pero su comportamiento exterior es conformista, rutinario y pasivo. Si bien con un lenguaje sencillo mantiene el interés hasta el final. Me hizo llorar como tenía tiempo que un libro no lo lograba.

Otra obra que me cautivó fue La librería ambulante de Cristopher Morley, porque me hizo rememorar aquella época de mi adolescencia en que leía trepada en un árbol o sobre una manta extendida en el césped. Se trata de un libro refrescante sobre el papel de la literatura en la superación personal y como valiosa compañía. Su historia habla del amor a los libros y rinde un tributo al oficio del librero.

Pero no solo leemos novelas. Un mes fue dedicado a escritores peruanos y otro a escritores venezolanos. Cada semana, Luis invitaba a un grupo de cuentistas y comentábamos sus relatos en las sesiones. Así pudimos conversar con la escritora peruana Claudia Ulloa Donoso que vive en Noruega, con Juan Carlos Méndez Guédez que estaba en Madrid, con la narradora venezolana Liliana Lara residente en Israel, y desde Venezuela, con Federico Vegas y Oscar Marcano. Pero la que me impactó más fue la escritora peruana María José Caro, nacida en 1985. En 2017, fue incluida en el Bogota39, que destaca a los jóvenes escritores más prometedores de América Latina. En el club leímos cuentos de su libro ¿Qué tengo de malo? y descubrimos que la materia prima de su escritura es el mundo de la infancia. Me hizo pensar mucho en mis siguientes publicaciones y en las decisiones que debo tomar en mi camino en la escritura. Los cuentos que leímos de ella removieron mis fibras internas. Durante la tertulia le dije que era muy valiente para compartir lo que para otros serían secretos familiares. Anímense a leerla y verán por qué se los digo.

También recuerdo que el personaje del cuento de Herman Melville, Bartleby, el escribiente y su “preferiría no hacerlo” es uno de los que ha quedado clavado en mi ser. Así como La señorita de Hebe Uhart y La siesta del martes de Gabriel García Márquez. 

Lo curioso ha sido que Ramiro, mi esposo, disfruta también del club. Él conoció a Luis Yslas cuando vino a Panamá en noviembre del año pasado para la presentación de mi libro. Los dos simpatizaron enseguida. Al saber que participaría por Zoom desde Lima en estas reuniones, se puso muy contento. Cuando empecé a asistir, estábamos en plena cuarentena estricta en Panamá, así que el club resultó una brisa fresca de verano para mi ser. Ramiro no es de leer mucho, pero disfruta al verme sumergida en ese mundo paralelo. Cuando pienso que algún cuento le puede interesar, se lo comento e incluso se lo leo en voz alta. Así disfrutó conmigo: La nariz de Nicolai Gógol, La mujer más pequeña del mundo de Clarice Lispector y Encender una hoguera de Jack London. Este último ha sido el que más le ha gustado. De Clarice vimos juntos una entrevista que le hicieron antes de morir. Ella lucía tan triste. Sabía que estaba enferma pero no dijo nada ese día al entrevistador. A Ramiro y a mí nos impactó saber después que había muerto de cáncer de ovario a los 56 años. Tengo grabado sus gestos, su forma de hablar y de mirar ese día.

Solo ahora me doy cuenta de que este año 2020 es el que más he leído desde que estaba en el colegio y nunca me separaba de un libro. Y, además, puedo decir que estos meses he tenido casi unas clases de literatura semanal por la forma como Luis conduce las reuniones. 

La inspiración para compartirles esta experiencia vino de un mensaje que recibí de un amigo cuando le envié el post que escribí sobre el Adviento, en el blog de 10 minutos con Jesús. Él me decía: “Hola, amiga. Cuando estaba recuperándome solo leía libros de Dios, pero la vida sigue y por algo Dios nos dejó aquí. Cuando desees leer algo diferente…», y después seguía recomendándome un libro. 

Recibir ese mensaje me hizo reír mucho. 

Era normal que pensara que yo solo leía sobre temas espirituales, ya que últimamente la mayoría de mis escritos han sido sobre la vida de los santos, o de alguna virgen o festividad religiosa. Pero en realidad es lo que me ha nacido escribir, pues, además, desde el mes de mayo colaboro en el blog de 10 minutos con Jesús.

Así como él, imagino que muchos de ustedes pueden haber pensado lo mismo: “Tere ahora solo escribe o lee sobre Dios”. Bueno, lo cierto es que Dios ocupa mi mente las veinticuatro horas al día, los siete días de la semana. Lo tengo siempre presente. Igual a la Virgen. Y me he dicho que no voy a dejar de escribir sobre Él. Si me nace hacerlo, así lo haré. Pero tener la oportunidad de participar todas las semanas en el Club de Lectura J. R. Ribeyro ha contribuido a mantener mis pies en la tierra. A seguir con mis pies en el mundo. 

La lectura continua de obras de reconocidos escritores internacionales ha hecho volar mi imaginación. Para escribir hay que leer y mucho.  Cada uno de los cuentos o novelas me deja una enseñanza. De cada una de las intervenciones de los participantes aprendo. Y lo más importante es que es una lectura dirigida por Luis Yslas Prado, que nos hace cómplices de su amor por la literatura.

Así que, si bien leo y escribo sobre Dios, sobre la Virgen, sobre los santos, y hago retiros, rosarios, meditaciones y novenas, también sigo en contacto con la tierra porque he entendido que allí es donde deben estar mis pies, aunque quiero que mi mente siga estando en el cielo. Esto es un hecho y no es algo que pretenda cambiar. 

Aunque será una gran noticia que no desestimo, no quiero imaginar cuando termine el distanciamiento obligado que ha provocado la pandemia y quizá no pueda participar más en estas reuniones virtuales de lectura. Las vacunas ya son una realidad, pero faltan muchos meses todavía para que podamos volver a una normalidad. Por lo pronto, sigo disfrutando el ser parte de este club de lectura. 

Agradezco a Luis y a todos los participantes por haberme acogido en estas sesiones con tanto cariño.

Comments(5)

    • Xenia Garcia

    • 4 meses ago

    Hola Tere. Me has hecho reír con eso de que ahora la gente piensa que solo lees y escribes sobre temas espirituales, pues de mí decían que me había metido en una secta. Las personas rápidamente hacen juicios porque en realidad no comprenden que encontrar a Dios en este mundo, no nos aleja del mundo sino que ahora se le vive con otros lentes puestos. Ahora vivimos pensando en agradarle en lo cotidiano.

    Qué bueno que haces lo que te gusta: leer y escribir.

    Sigue adelante de la mano de Dios y de la Virgen,

    Un abrazo, Xenia

    • Silvia Fernández-Risco

    • 4 meses ago

    Tere, muy buena reseña sobre la actividad del Club de Lectura J. R. Ribeyro en el que has estado participando a lo largo del año. Muchas de las obras seleccionadas que mencionas, tienen relación con el acto mismo de leer, de ser librero, escritor o un libro. Temas que me apasionan. Soy fan de Clarice Lispector y «El libro salvaje» de Juan Villoro, también es una de mis favoritos. Me encanta que vivas cada día disfrutando de la lectura, de la creación literaria y de compartir experiencias con tus lectores.
    Un abrazo.

    • Luisana

    • 4 meses ago

    Muy agradecida por tus recomendaciones de lectura, me gusta mucho leer, pero es más Interesante ir a lo seguro cuando el libro ha sido leído y recomendado. Gracias!! Mis deseos porque sigas con tu vocación de escritora, lo haces muy bien!!
    Mucha salud y feliz día.

    • Myna rojas Pardini de carles

    • 4 meses ago

    2020 un año de muchas enseñanzas,. para ti el tener tu espacio es una ganancia y que Ramiro disfrute tbm lo es. Lo que tbm queda claro es la versatilidad en tu blog, todos los disfruto aunque por estos dias he demorado en hacer comentarios debido al nuevo miembro en la familia, Sebastián Alberto

    • Yolanda Seminario

    • 4 meses ago

    Excelente síntesis de lo que representó para muchos el Club de Lectura Ramón Ribeyro.

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