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Estuvimos de viaje en familia días atrás por un tema médico.  Para llegar a nuestro destino, decidimos hacer un tramo en avión y otro en carro, para lo cual tendríamos que manejar dos horas. Pudimos haber optado por viajar toda la ruta en avión, pero la espera era muy larga para la conexión y queríamos estar lo menos posible en el aeropuerto.

El avión llegó a tiempo. Lo primero que hicimos fue comprar una tarjeta de celular con data ilimitada para poder usar el waze libremente. Teníamos muchos años de no manejar en un país extranjero y necesitábamos estar comunicados en todo momento. Después nos dirigimos a la arrendadora de autos.  

Como era domingo, nos indicaron que tomáramos una vía en específico para evitar el tráfico de retorno del fin de semana, pero esa ruta no salía entre las alternativas que nos daba el waze. Ramiro insistió en que se la marcaran en un mapa de papel. Al salir del aeropuerto y no ubicarla, regresamos varias veces al punto de salida. Entonces tuvimos que usar el waze y escogimos la ruta más rápida que nos indicó. Sin embargo, en el trajín de la llegada se me pasó activarle el sonido.

En Panamá yo uso mucho el waze, pero no así Ramiro. Por lo tanto, era muy difícil para él conducir sin tener la guía de la voz anticipándole a dónde debía dirigirse. Cuando yo le daba alguna indicación, a veces era tarde. Fue así como nos pasamos en forma repetida las salidas, y volvíamos al punto de partida. Fueron momentos muy estresantes. Después de varios intentos, logramos tomar la salida correcta. Una vez que logré activarle el sonido al waze, esa voz tan familiar nos hizo sentir acompañados en un país extraño mientras nos guiaba a nuestro destino.

Algo que nos llamó la atención cuando llegamos al hotel fue ver a las personas sin mascarillas. Inclusive a los empleados. Cuando fuimos al supermercado a abastecernos de algunas cosas notamos que pasaba lo mismo. Eran contadas con los dedos las personas que las usaban.

Recordé que en los Estados Unidos habían definido que los que estuvieran vacunados podían optar por no usar las mascarillas, pero lo extraño era que los niños, que estaban en la edad en que todavía no podían vacunarse, tampoco las usaban. Ni siquiera en los comercios había dispositivos para la toma de la temperatura y el gel alcoholado, tan común en Panamá. En los restaurantes, la mayoría de los meseros no las usaban. Era como estar en otro planeta. Ramiro y yo, a pesar de estar vacunados, seguimos usando la mascarilla en todo momento.

Pensé en varias ocasiones: que Dios los ampare, y ahora con la variante Delta propagándose por todos los Estados. 

Impactante fue enterarme, a los pocos días de haber regresado a Panamá, de que el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos dispuso que la mascarilla era nuevamente obligatoria para usar en lugares cerrados. Pero durante el viaje fue muy inquietante estar en esa situación de descontrol.

El hotel donde nos quedamos estaba en una calle sin salida, rodeado de mucha vegetación. Habíamos llevado nuestra ropa de ejercicios, y el primer día, después de desayunar, emprendimos nuestra caminata usual en este nuevo entorno. Ese día tendría la primera cita en la tarde, así que teníamos suficiente tiempo para recorrer el área. A ambos lados de la calle había una especie de cordones para que camináramos con seguridad. 

Unos árboles con flores blancas que nunca había visto se encontraban a lo largo del camino. También pinos variados en diversos tonos de verde. Todo estaba muy calmado. Se respiraba mucha paz.

Por toda el área del hotel se encontraban estos árboles con flores blancas. Era una especie que no habíamos visto antes.

Cuando estaba organizando el viaje logré conseguir una imagen de la Virgen pequeñita. No podía pensar en irme tantos días de casa y no tenerla conmigo. Como era de cerámica, la puse en la maleta de mano. La llevaba bien envuelta para que no se quebrara. Lo primero que hice al llegar al hotel fue ponerla en la mesita de noche. Uno de los días, al ir a coger algo de la mesita de noche, la tropecé sin querer. La había cuidado tanto y de la manera más tonta se le quebró un dedito. Después de eso la puse en un lugar alejado que estaba en la pequeña sala que tenía el cuarto. Por los exámenes y los traslados no pude hacer el rosario algunos días, pero solo verla en el hotel me hacía sentir en paz.

A la clínica íbamos en un busito que tenía el hotel. Allí sí era obligatorio usar mascarillas, incluso en el área de estacionamientos. Cada día teníamos que pasar por un punto de control. 

Un día fui sola ya que el examen era muy temprano. Al terminar, fui a la cafetería a pedir el desayuno ya que no me daba oportunidad de ir al hotel porque tenía otra cita muy seguida. Estaba en la caja para pagar y al ir a buscar la billetera no la encontraba. Comencé a buscarla y nada. No estaba. Qué desesperación más grande sentí. Entré a mi correo electrónico en mi celular a ver si habían hecho alguna compra con la tarjeta visa, pero gracias a Dios no había sido así. En ese momento se me pasó por la mente todo lo que tendría que hacer para volver a sacar la cédula, la licencia, etc. Le decía a la cajera: «My wallet is not here. I don´t know what happened». En ese momento escuché una voz de mujer detrás de mí que decía: «I am going to pay».

No lo podía creer. Con una voz tan apacible y una sonrisa, la mujer insistió una y otra vez. Le pregunté a dónde podía ir a llevarle el dinero, pero no me lo quiso decir. Fue un momento sublime en medio de un lugar donde no conocía a nadie. Todavía recuerdo claramente su rostro. 

Al regresar al hotel, encontré la billetera en la cartera que usaba para salir a caminar. No recordaba haberla puesto allí. 

El día que viajábamos de vuelta me levanté antes de que la alarma sonara. Como la Virgen ya estaba empacada para el viaje, decidí hacer la meditación de los 10minconJesús. Sentí que necesitaba ese momento antes de iniciar la aventura del regreso que significaba manejar otra vez dos horas a donde tendríamos que tomar el vuelo. 

La meditación la realizaba el padre que sentí más cerca durante los meses de quimioterapia en el año 2019. Recuerdo que, en marzo de ese año, cuando empecé a escucharlas, su voz fue la de la primera meditación. 

Su voz cantarina y ronca me recibió la mañana del regreso. Lo sentí como una señal ya que el título de la meditación era: Conseguir paz en el alma. Se refería al salmo 19 que dice: «la ley del Señor es perfecta y reconforta el alma». (Al final de este escrito podrán escuchar la meditación completa).

Yo sentía mi alma en paz. Incluso el viaje había sido muy apacible a pesar de todos los exámenes que me hicieron. Ramiro estuvo a mi lado en cada momento y pendiente de todo. Pero llegar a sentirme así en este momento ha significado trabajar durante más de dos años desde que inicié mi camino de conversión y todavía siento que me hace falta mucho. Y el padre en la meditación nos recordaba que para lograr un estado de paz en el alma había que perseverar y pensé que iba bien encaminada porque era lo que yo seguía haciendo.

Sin embargo, el día que el doctor me dijo que tenía que regresar en tres meses, por un momento me sentí confusa, inquieta y como si quedara suspendida en el aire, con un signo de interrogación muy grande. ¿Qué pasará en tres meses? Pensé que significaba abrir puertas otra vez que no sabía a dónde me conducirían. 

El día de uno de los exámenes que me realizaron a las 9:30 p.m. . Ramiro me esperó por más de dos horas en la sala de espera.

Pero en seguida reaccioné y me dije que perfectamente pudiera ser que Dios me llamara a su lado mañana. Pensé que no podía dejar que nada alterara la paz de mi alma.

Y precisamente, escribiendo este post, me informaron que había muerto una amiga del colegio: Ingrid Arjona. Si bien fuimos muy cercanas tenía años de no verla. Era muy linda. Sentí mucha tristeza y pensé: ¿de qué sirve entonces preocuparme por lo que pasará en tres meses?

Ingrid Arjona falleció el martes de 27. de julio. La promoción1981 del Colegio Las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús nos organizamos en poco tiempo para entregar una resolución de duelo a su familia y llevar un arreglo floral el día del sepelio. Por la limitación de aforo solo pudo ir una del grupo en representación.

Una vez que finalizó la meditación me levanté tranquila y me dispuse a organizar el desayuno. Estaba lista para atender a Ramiro y emprender el viaje de vuelta. Pero lo más importante es que me sentía en paz para esperar mis próximos exámenes en tres meses.

Comments(10)

    • Myrna Rojas Pardini

    • 4 meses ago

    Tere, cada vez que escribes es imposible dejar de leer, todo llega al Alma. Lo importante es que entre tantas situaciones siempre llega la paz. La vida es un sube y baja, únicamente con Dios en nuestras vidas encontraremos paz

      • Alfredo Motta

      • 4 meses ago

      🙏🏼

    • Eduardo A. Molino P

    • 4 meses ago

    Tere querida gracias por compartir esta nueva aventura con mi fratellito. Mi lectura sobre el tropezón con la mesita de noche y el «dedito» de la Virgencita es este: la Vírgen perdío un dedito y tu encontraste una mano amiga que te ayudó en un momento de incertidumbre, testimonio de que, en nuestro caminar, encontramos personas de gran corazón que se identifican con pequeños o grandes problemas.
    Vivamos un día a la vez.
    Fuerte abrazo

    • Teresita Azcarraga

    • 4 meses ago

    Waoo Tere, ese pasaje de la cartera y la Sra que estaba detrás tuyo! Waooo, ese era el Ángel de la Virgencita! Ella está.contigo en todo momento! Muy bello tu relato. Y gracias por compartir el audio de la oración. Me trajo también mucha paz. Un abrazo fuerte Tere. Mantendré en mis rosarios. Buen fin de semana!

    • Rosalía Azcárraga de Borrell

    • 4 meses ago

    Apreciada Tere.
    Leer tu relato nos enseña que en la vida no podemos planear nuestro destino, ni tampoco nuestras vivencias del día a día.
    El dedito roto de la Virgen María te demostró que no hay mal que por bien no venga. Ella te ayudó en tu momento de desespero.
    Solo te deseo que en tu vida haya mucha paz y que siempre cuentes con la presencia de la Virgencita que va con nosotros como nuestra Madre.
    Te deseo todo lo mejor
    Rosalía

    • Alfredo Motta

    • 4 meses ago

    Excelente relato.
    Cada día es una nueva aventura, un nuevo reto, una nueva oportunidad para amar y servir, un regalo de Dios.
    Al leer la historia de su reciente viaje me identifico con ustedes. Cuando las cosas no salen como quisiéramos siempre aceptar la Voluntad de Dios.
    Un abrazo

    • P. Luis Quintero

    • 4 meses ago

    Tere, te mando otro, quzá se borró. Te decía mas o menos que siempre leo tus historias y portales con gusto. P. Lucho

    • Aracely de Duque

    • 4 meses ago

    Tere amiga, que lindo relato sobre las vivencias durante tú último viaje. La Virgen siempre contigo. Fé ante todo.
    Muy reconfortante el video sobre como conseguir la paz del alma. Gracias por compartir.
    Un abrazo.

    • Lara Schroeder

    • 4 meses ago

    Tere que lindo relato. 🙏🏻🙏🏻🙏🏻
    Gracias por compartir

    • Roxana Sáenz de Richa

    • 4 meses ago

    Un escrito lleno de paz.! Admirable! Es hermoso encontrar a Dios y sentir esa paz interior. Que tengas paz siempre en tu corazón. Un fuerte abrazo. Roxana

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