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La chispa para escribir este artículo se encendió a raíz del terremoto que vivimos el 9 de octubre, que coincidió con mi lectura de Con ardientes fulgores de gloria de Juan David Morgan.

El 9 de octubre amanecí sintiéndome rara. Mi esposo y yo habíamos regresado de viaje el 7 de octubre. Estuvimos visitando en Galicia, España, a amigos muy queridos, Ignacio Martín Montalvo y su esposa Cruz. Por tanto atribuí el malestar al cansancio por los días de viaje que fueron la mayoría en carro. Estaba en mi casa cuando ocurrió el terremoto y les cuento que, al inicio, yo fui la única que lo sentí. Estaba en el comedor, un área de la casa que mi esposo siempre ha dicho que es la más inestable en caso de que ocurra un terremoto en Panamá. Y bueno, así fue, pero gracias a Dios fue solo el susto de los fuertes remesones. La casa no sufrió ningún daño.

Esa noche me mudé a otro cuarto, ya que el principal también está en esa área inestable. No me sentía segura. Además, metí en una bolsa todo lo que consideraba esencial por si ocurría un sismo mayor, lo cual gracias a Dios no pasó.

Al día siguiente me sentía peor, por lo que seguía paseando con la bolsa por toda la casa. Esa noche volví a dormir en el otro cuarto. Incluso no pude ir a la boda de un sobrino muy querido que, pese a lo que sucedía, se pudo celebrar.       

El lunes me fui sintiendo mejor, después de ir al doctor y me medicaran. Regresé a la casa con la instrucción de reposar por varios días.

Pude entonces reanudar la lectura de Con ardientes fulgores de gloria de Juan David Morgan. En medio de la enfermedad y la turbulencia de esos días posteriores al terremoto, me sentía feliz de tener muchas horas para seguir avanzando en la lectura. Mientras estaba en casa, sentí algunas réplicas y la bolsa seguía conmigo en todo momento. Pero la lectura me mantenía sumergida en el pasado de nuestro país.

Con ardientes fulgores de gloria es una novela que transporta al lector a los acontecimientos que culminaron con la separación de Panamá de Colombia, el 3 de noviembre de 1903. La historia se desarrolla entre Panamá, Bogotá, Washington y París. Y en cada uno de esos lugares se toman decisiones que terminarán cambiando el destino del país. Se trata de una época de grandes tensiones políticas después de la guerra de los 1000 días. Panamá se sentía abandonada por el gobierno colombiano. Mientras tanto, Estados Unidos tenía un enorme interés en construir un Canal en nuestro territorio. 

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Y aquí está el punto clave de lo que les dije: el vínculo entre el terremoto y el libro.

Además de su ubicación geográfica, que permite el paso interocéanico, una de las razones para elegir a Panamá como el país ideal para construir un Canal fue que éramos un país de muy baja actividad sísmica. Antes del 9 de octubre hubiera dicho somos, pero ahora las cosas cambiaron. No solo tiene que ver con la falla que ocasionó el terremoto del pasado 9 de octubre, sino que hay otra falla, la de Pedro Miguel, cerca de la Ciudad de Panamá. Pensaba en eso mientras leía el libro. De todas las circunstancias que lograron que se definiera a Panamá como el lugar idóneo para la construcción del Canal, acaso la principal fue que no éramos un país sísmico. Incluso fue la razón para descartar a Nicaragua, país con muchos volcanes activos.

Esto hizo que el libro, que ya me había atrapado, lo hiciera más aun y disfrutara la lectura al máximo. Fue además perfecto para superar, de alguna forma, el miedo y la inseguridad que sentía por lo que había sucedido en nuestro país. Era muy triste saber lo que estaba pasando en muchísimos lugares. La lectura fue una terapia que me calmó. Yo le iba comentando a mi esposo lo que iba pasando en la novela. No sé si lo cansé o agobié, pero él me escuchó pacientemente.

Sobre los personajes

En 1903 se desarrollaba un movimiento separatista en Panamá impulsado por hombres decididos a romper los vínculos con Colombia. Entre estos destaca Manuel Amador Guerrero, un médico, quien asume un papel fundamental en la conspiración para lograrlo. Él viaja a Estados Unidos en busca del apoyo de este país para lograr la separación. Sus gestiones en ese país, los encuentros secretos en Panamá y las negociaciones, principalmente con el francés, Phillipe Bunau-Varilla, nos permiten conocer  las dificultades, los riesgos y las incertidumbres que rodearon el nacimiento de nuestra República. Este personaje además me conmovió por su pasión y también por la relación tan amorosa con su esposa, quien lo apoyaba y alentaba en lo que se había propuesto. 

Del lado colombiano encontramos al presidente José Manuel Marroquín, durante cuyo gobierno se rechazó el tratado Herrán-Hay. También a Tomás Herrán, quien había negociado ese acuerdo con los Estados Unidos. Sus actuaciones nos ayudan a comprender las diferencias y los intereses que existían entre Bogotá y Panamá.

Sin embargo, el personaje que considero más interesante y que me cautivó fue el periodista estadounidense Henry Hall, que trabajó en el periódico New York World, cuyo dueño era Joseph Pulitzer. Mi identificación pasa porque también soy comunicadora social y conozco la responsabilidad que implica escribir un artículo periodístico.

                  Parte de la historia de Hall transcurre en París, en 1931, donde retirado del periodismo decide investigar lo que realmente ocurrió durante la separación de Panamá de Colombia. Hall había participado, a través de su trabajo periodístico, en la difusión de una versión de los acontecimientos políticos que se desarrollaron para lograr la construcción del Canal de Panamá por parte de los norteamericanos. Por ello, años más tarde, su principal inquietud es descubrir qué sucedió con los 40 millones de dólares que Estados Unidos pagó por los derechos y propiedades de la compañía francesa del Canal. Para encontrar respuestas, busca a Phillipe Bunau-Varilla, uno de los personajes más controversiales de aquellos acontecimientos y quien desempeñó un papel decisivo en las negociaciones en 1903.

Este personaje me despertó sentimientos encontrados. Su interés por el Canal y su participación en el tratado que lleva su nombre nos recuerdan que no todos los involucrados perseguían los mismos objetivos. De esto se percata Hall en su investigación y es parte clave en el desenlace de la trama.  Así, la importancia de Hall en la novela es que él une dos épocas: los acontecimientos de 1903 y la investigación realizada 30 años después. 

Ya no les cuento más para no hacer spoiler. Solo agregaría que Hall, además, representa la necesidad de cuestionar lo que nos han contado y de buscar la verdad histórica. Ahora que nos llega tanta información de diversas fuentes, es muy importante que esto prevalezca, investigar y validar antes de compartir una información que puede afectar a nuestro entorno y nuestro país.

Así que, durante mi lectura, mi mente viajaba de 1903 a 1930 y a lo que vivíamos en Panamá en 2026. 

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Juan David Morgan nos acerca a personajes que muchas veces conocemos solamente por sus nombres en los libros de historia. Pero en esta novela los vemos tomar decisiones, enfrentar conflictos y vivir intensamente momentos que marcaron el futuro de nuestro país.

La novela nos enseña que nuestra separación de Colombia no fue un hecho aislado y sencillo. Si bien estuvo cargada de patriotismo, valentía y deseos de libertad, también hubo ambiciones, intereses económicos y decisiones que tendrían consecuencias durante muchos años.

¿Por qué considero que es la mejor lectura para el mes de la Patria?

Porque noviembre no debe ser solamente un mes para celebrar. También debe ser un tiempo para recordar, aprender y agradecer. Leer esta novela nos ayuda a comprender cuánto costó el nacimiento de nuestra República. Y también nos invita a mirar nuestra historia con orgullo, y con una visión más amplia de lo que ocurrió.

Terminé la novela convencida de algo: mientras más conocemos nuestra historia, más razones tenemos para amar a Panamá.

Gracias, Juan David Morgan, por escribir este libro que nos permite, de forma ejemplar, conocer más de cerca los acontecimientos que dieron origen a nuestra República. Por tu dedicación a investigar nuestra historia y por la manera tan especial de contarla. Gracias por recordarnos que detrás de cada acontecimiento histórico hay seres humanos, con sus ideales, sus temores, sus aciertos y sus errores. Por despertar el deseo de seguir conociendo y amando a Panamá. 

Y lo más importante para mí en este momento, gracias porque con la lectura de este libro pude finalmente desprenderme de la bolsa que me acompañó por tantos días. La lectura de Con ardientes fulgores de gloria me ayudó a superar el miedo por lo vivido el viernes 9 de octubre.

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