Corría el mes de junio de 2025 cuando mi prima hermana Maribel me escribió:
—Tu hermano será el abanderado 2026 del Banco General en el Desfile de Las Mil polleras.
— Guaooo, yo nunca he ido. No nos ha dicho nada —le respondí.
—Se lo acaban de decir.
Al rato, mi hermano Eduardo escribió en el grupo de la familia:
—El regalo que me dieron hoy. 17 de enero, para que vayan anotando la fecha.
Seguido mandó una foto de él luciendo un sombrero típico panameño mientras sostenía la bandera del banco.
Cuando leí: para que vayan anotando la fecha, sentí un frío recorrer mi cuerpo ya que nunca había pensado ir al Desfile de las Mil polleras.
Este desfile inició en la ciudad de Panamá en el año 2003, pero en 2010 fue trasladado a la ciudad de Las Tablas, en la provincia de Los Santos, por su fuerte tradición folclórica y su vínculo con la pollera panameña. En la actualidad es una de las actividades culturales más importantes del país.

Pasados unos días comprendí que la invitación de mi hermano no solo era para acompañarlo ese día, sino para ser parte de la delegación del banco, para lo cual deberíamos usar vestidos típicos. Aquí lo que sentí fue pánico, negación.
He escuchado mucho decir: toda mujer panameña debe lucir al menos una vez en su vida el traje típico. Pero en mi caso, no era algo que hubiera querido. De hecho, ni siquiera estaba en mi lista de deseos vestir una pollera. Solo de pensarlo me hacía sentir estresada.

Pero ahora, mi hermano menor había sido designado abanderado del Banco General, el banco privado más grande de Panamá. Era un gran honor para él. ¿Cómo yo, su hermana mayor, no iba a ir a acompañarlo? Tenía que hacerlo, quería hacerlo.
Ese fue el primer paso, convencerme de que lo acompañaría. Pero en ese momento todavía no veía en la ecuación que tendría que vestir una pollera. Nunca me han gustado los ganchos en la cabeza, nada que me apriete. Solo de pensar que tendría que usar los tembleques entraba nuevamente en negación.
Por eso mi primer impulso fue decir que vestiría una montuna, que es otro vestido típico, más sencillo, que se luce con sombrero. Pero rápidamente me dijeron que no era posible. Para acompañar al abanderado y mi cuñada, las hermanas debíamos ir con pollera de gala.
Pasaron los días, los meses, hasta que mi hermana Marta me mandó fotos de la pollera que había escogido. Igual lo que luciría mi mamá. En ese momento me dije: Tere, no puede ser que tu hermana y tu mamá ya estén listas y tú todavía estés dando vueltas.
Fue el empujón que necesitaba y enseguida contacté a Panamá Folk, a quienes el banco había recomendado para alquilar las polleras y todo lo referente al arreglo. Así empezó mi aventura hasta llegar al sábado 17 de enero pasado.
Una vez convencida, tocaba convencer a Ramiro, mi esposo. Estábamos pasando una situación muy difícil con la repentina enfermedad de su hermano y no podía tocarle el tema, así que continué con los preparativos.
Cuando escribí a Panamá Folk solo quedaban dos polleras, pero enseguida me gustó una y la escogí. Fui a medírmela y me quedó perfecta.
Sin embargo, es generalizado escuchar comentarios del dolor de cabeza que dan los tembleques, así que eso aumentaba mi ansiedad. Le dije a Lupe Camaño que si me podía poner algunos tembleques que no pesaran. Me dijo que sí, y eso me dejó más tranquila.
Ahora tocaba conseguir en Salsipuedes las motas, cintas y los zapatos. Tenía mucho tiempo sin ir y disfruté recorrerlo el 29 de noviembre. Me habían recomendado Novedades Tita, donde me decidí por el color fucsia para los accesorios, pero los zapatos me los tuvieron que mandar a hacer, ya que no había mi talla. Estuvieron listos justo para cuando murió mi cuñado, el 6 de diciembre. Pude irlos a buscar el 20 de diciembre.

En esas idas a Salsipuedes lo que me gustó fue ver la efervescencia que había ante lo que se avecinaba: Las Mil Polleras. Así como yo había otras personas buscando accesorios, camisas, en fin. Todos los que atendían en los puestos fueron muy amables.
Después de Navidad, estábamos más tranquilos, y pude finalmente hablar con Ramiro, que no tenía la camisa apropiada para ponerse. Él se mostró animado y dispuesto a resolverlo. Fuimos a varios lugares y nada. Se me ocurrió contactar otra vez a Panamá Folk para ver si ellos alquilaban camisas de hombre, y sí alquilaban. Asunto solucionado. Pero faltaba entonces el sombrero. Otra ida a Salsipuedes el 9 de enero, a tan solo 8 días del evento.

Para este momento la ansiedad era menor: ya era un hecho que estaría en Las Mil Polleras, algo que nunca pensé, algo totalmente desconocido.
Ese era el sentimiento que tenía: viviría algo nuevo y eso me tenía excitada y hasta feliz.
Una semana antes, se realizó una práctica en el Centro Operativo del Banco General: fue la cereza que le faltaba al helado. Los que fuimos nos reímos muchísimo. La mayoría eran personas como yo, que nunca habían participado en el desfile. En esa práctica nos enseñaron el baile básico, qué hacer y qué no. No pensé divertirme tanto ese día. Mi mamá, mi hermana Marta y yo fuimos juntas. Fue casi como si nos hubiéramos ido de excursión.
A mi hermano lo vi cargar la bandera y me preocupé pensando que serían más de 3 horas sosteniéndola mientras desfilábamos. Pero él se veía tranquilo. Siempre estuvo sonriendo.
Para la práctica usé los zapatos que me habían mandado a hacer y me dolió bastante la planta del pie, así que saliendo de allí paramos a comprarnos plantillas y la instrucción fue que usáramos los zapatos lo más posible esos días previos.
Llegó el día de partir para Las Tablas. Me sentía muy entusiasmada, y no solo yo, creo que todos estábamos con ese espíritu.

No pensé que disfrutaría tanto el Desfile de las Mil polleras. Todo fue un descubrimiento, y todo lo disfruté.

Me habían dicho que el calor sería insoportable, que los tembleques me dolerían, que los zapatos serían insufribles… pero no fue así, no sé si era que me sentía tan feliz de haber logrado hacer algo que nunca pensé por amor a mi hermano menor. Porque así había sido. Para compartir ese momento con él, con mi cuñada Priscilla, con sus hijos.

La experiencia de que me vistieran, me pusieran los tembleques, me maquillaran… fue hermosa. Una hora y media se dedicaba como mínimo a cada una. Un trabajo cuidadoso y hecho con mucho cariño. Cuando me vi en el espejo me sentí feliz y entendí por qué se dice que toda mujer panameña debía lucir una pollera. Me sentía en las nubes.



En el desfile, mi mamá fue una campeona. El recorrido fue de tres horas y quince minutos. Y lo hizo todo. Igual el resto. Caminamos todo el desfile.

Mi cuñada Priscilla no paró de bailar y Eduardo no se detuvo, mantuvo la bandera del banco arriba, ondeándola al ritmo de la música. Ellos dos nos contagiaban a todos con su energía y alegría.

Hubo personas que hicieron que esta experiencia fuera posible. Eran el alma de la delegación del banco. Dayra de Saval y Makelin Arias estuvieron pendientes de todos los detalles previos y durante el desfile, así como un equipo de voluntarios del banco.

Ver a la delegación del Banco General era un deleite por el colorido, por la organización y el compromiso educativo para todo el país. Agrupan a las participantes según el tipo de vestido, y no solo eso, llevan un letrero donde explican cada uno.


El Desfile de Las Mill Polleras es un evento que se disfruta en familia de generación en generación.

El orgullo que se siente entre los colaboradores emociona. Es la delegación más grande de todo el desfile. Además, fue como volver a mi casa dado que yo trabajé en el Banco General hasta el 2015, cuando me retiré. Estar en una sucursal que tenía el diseño que se había aprobado en esos años me emocionó, pero lo más lindo fue ser recibida con tanto amor.

Me sentí distinguida de poder ir en esa delegación. Le di gracias a Dios porque logré superar mi ansiedad, mi negación… porque me decidí a hacer algo nuevo por amor.


A los que no han ido, los animo a vivir algo diferente, a dejarse contagiar por un pueblo sencillo, coronado por la hermosa Iglesia Santa Librada.

y nos encontramos con la hermosa Iglesia Santa Librada.

Por lo pronto, ya tengo mi pollera reservada para el otro año y así acompañar a mi hermano a entregar la bandera a quien se designe como el abanderado.

Un día inolvidable.
Myrna de carles
Tere que linda experiencia. Para Eduardo y familia nuestras felicitaciones por tan gran distinción. Las fotos compartidas irradia gran alegria. Mis respetos a tía Vicky por las 3 horas de desfile. Indudablemente nos vemos el próximo año
MartaM
El desfile vale la pena conocerlo, es parte de nuestra cultura. Te veias hermosa,
Mirelis Espinosa
Que belleza Tere, ya sembraste la semilla de la curiosidad en Sol, espero poder llevarla el próximo año.
Patricia Camino de Ocando
Que alegría que te hayas atrevido a participar, y demostrar que querer es poder.
Lo máximo. Saludos
Dayra de Saval
Tere que bella experiencia y que bien que luces la pollera … prueba superada … que vengan más por su historia …
Clarisa kelley
Tere que bonito evento que participates con tu familia y Ramiro. Muy bonito articulo y las polleras.