Cuando muere alguien durante el mes de diciembre lo usual es escuchar: «¡Qué duro para la familia que haya sido en esta fecha!». O también: «De aquí en adelante siempre tendrán unas navidades tristes recordando a ese ser querido».
El 24 de diciembre, antes de medianoche, mi sobrino Rafa me comentó algo que había dicho su hijo Emmanuel a raíz de la muerte de su abuelo Pablo, hermano de mi esposo:
«¡Que fecha más linda en la que Tito se fue al Cielo: podrá presenciar desde cerquita el nacimiento del Niño Jesús!».

Me estremecí al escucharlo y experimenté una visión de Pablo junto al Pesebre, fue algo intenso.
Emmanuel, de solo ocho años, había logrado ver la muerte de su abuelo con sentido sobrenatural, como debería ser para todos los cristianos.
Desde fines de noviembre han muerto tres personas muy queridas para mí: Mayra, una amiga de mi edad que batalló como una superguerrera contra el cáncer por más de dos años, mi cuñado Pablo y mi tía abuela Machy.
Al escuchar esas palabras tan sabias de mi sobrino nieto pensé enseguida en Mayra y en tía Machy, quienes también verían desde cerquita el nacimiento del Niño Jesús. Una sonrisa vino a mi rostro imaginándome también esas escenas.
Cada amigo que parte, cada familiar que se nos adelanta, nos produce un dolor. Ese es el común denominador: el dolor, la tristeza por la ausencia física que experimentamos.
No deja tampoco de ser importante el modo como enfrentamos el duelo: si con sentido sobrenatural o aferrados a un pasado que ya no volverá, sin aceptar que lo normal es morir. Es lo único seguro en esta vida terrenal: la muerte. Lo que no sabemos es cuándo pasará.
En el entierro de Mayra, su hijo dijo: «Ojalá todos viviéramos con la certeza de saber que vamos a morir. Todo sería diferente: no habría disgustos, peleas, guerras. Mi mamá vivió poniéndolo en práctica».


Y yo agrego ahora que, si todos viviéramos con la certeza de que vamos a morir, haríamos todo lo posible por ganarnos el cielo, con lo cual buscaríamos estar libres de pecado, lo que significa vivir en paz, sin odios, perdonando, amando.
Durante los días de la repentina enfermedad de Pablo escribí el artículo Jesús nos espera en cada enfermo. Aquí les dejo el enlace https://www.hablarconjesus.com/jesus-nos-espera-en-cada-enfermo/
Él falleció el 6 de diciembre. En su despedida su hijo dijo que su papá siempre estuvo pendiente de todos y que hasta podía intuir cuando alguien estaba pasando alguna situación difícil. Yo puedo dar fe de eso, de su entrega para los otros.
En 2016 tuve un accidente donde me fracturé dos vertebras y la mano derecha. Mi esposo Ramiro llamó a Pablo y este tomó control de la situación médica. Me tendrían que someter a dos cirugías, en días consecutivos. Pablo encuestó a cada uno de los especialistas. Yo estaba en un cuarto en urgencia y desde allí lo podía ver hablar con cada uno mientras señalaba las radiografías. Hasta que no estuvo convencido del plan, no le dijo a Ramiro que se podía proceder.

Estoy segura de que Pablo sigue velando por todos desde el Cielo, ahora con mayor intensidad. Emmanuel lo siente así, lo siente presente en su vida. Para mencionar otro ejemplo, para fin de año, mientras practicaba un juego acuático en el mar, gritó mirando al cielo: «Tito, cuídame». Además, ha tenido sueños vívidos con él y dice que Tito ha resucitado. Que lo ve en el bohío de la playa conversando, él bañandose en la piscina y su mamá cogiendo sol.

Por su parte, en la despedida de tía Machy, su sobrino nieto, Víctor, habló de la entrega de ella a causas de ayuda social, y sobre lo emprendedora que fue en su juventud. Eran cosas que yo no sabía.

El común denominador de Mayra, Pablo y tía Machy es que al morir han sido recordados con mucho cariño. Dejaron huella de amor y de entrega.
¡Qué lindo que sea así para todos cuando nos toque partir a la casa celestial!
Los insto a que, como Emmanuel, vivamos con sentido sobrenatural.
Veamos la muerte no como el fin sino como el principio de nuestra vida eterna junto a Dios en el Cielo.
Y tengamos presente sus palabras, que esa frase pueda ser de consuelo para otros.
Emmanuel sin duda le hace honor a su nombre que significa “Dios con nosotros” … sintiendo ahora a su Tito siempre presente.

Marta M
Que hermosa reflexion del nieto de Pablo, esta en el cielo en una fecha tan importante como es el nacimiento del niño Dios, asi hay que mirar la muerte, para el que se va.Aunque no cabe duda que aca en la tierra todos lo extrañen.
Mayela Roiz
Que hermoso escrito Tere, justo le decía a Pau, que sentía Emmanuel estaba siendo una especie de mensajero, entre Tito y los que lo amaban, cambiando la visión dolorosa que se suele tener en momentos así, por una perspectiva más dulce, reconfortante, llena de amor y esperanza, sobre esta transición de Tito, de la tierra a la eternidad! No tengo ninguna duda en que el Sr Pablo desde donde está, sigue cuidando de todos, he tenido el honor de ser testigo de su amor x los suyos, y de su rol protector, y se, seguirá siéndolo! te mando un abrazo fuerte
Felipe alonso
saludos… mi madre fue luz.
como te recordamos y exteañamos madre querida Mayra.
Alfredo Motta
Querida Tere
Tu artículo es un regalo de luz en medio del dolor. 🌟 Al compartir las palabras de Emmanuel, ese niño de 8 años que vio la partida de su abuelo como un tránsito lleno de sentido sobrenatural, no sólo nos conmueves; nos despertas el alma. En un mundo donde la muerte muchas veces se vive con miedo o tristeza, tu texto invita a mirarla con ojos de fe, recordándonos que para quienes creen en Cristo, la muerte no es un final, sino el paso hacia la Casa del Padre. 
Me emociona cómo logras mostrar que el dolor de la despedida puede transformarse, no eliminándose, sino santificándose con esperanza. Las imágenes de Emmanuel imaginando a su Tito junto al Pesebre del Niño Jesús son sencillas, puras… y profundamente evangélicas: como un eco de aquella frase de San Pablo que nos dice que si Cristo ha resucitado, nuestra tristeza se vuelve esperanza (cf. 1 Tes 4,13-14).
Tu voz, amiga y hermana en la fe, nos recuerda que vivir con la certeza de nuestra propia muerte transforma la manera de amar: nos impulsa a perdonar más, a reconciliarnos, a vivir en paz y buscar la santidad de cada día.  Ese es un mensaje que necesitamos escuchar, no solo hoy, sino cada vez que nuestros corazones se quiebran.
Gracias por abrir tu corazón y permitirnos ver la muerte con ojos de niño y con la mirada de Dios, que no nos deja desamparados, sino que nos invita a unirnos a Él en eterno abrazo. 🙏🏼 ✨
Denise Bennett
Waoo que lindo!! Me encantó, que linda su percepción de la muerte y la presencia de su abuelo en su vida hasta el dia de hoy…y yo creo es así. Estoy segura que así es, que bueno que el lo confirma!!
Rosalía Azcárraga de Borrell
Hola Tere.
Que belleza el testimonio del nieto de Pablo💙
Que siempre vea la vida y lo que nos sucede, igual que como ha reflexionado con la partida de su abuelo.
Dios lo bendiga siempre 🙏🏻