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Desde que empecé este blog en noviembre de 2019, he publicado al menos dos posts al mes. Si bien no me lo había impuesto así, surgían de ese modo. “El fuego invisible”, como denomina Javier Sierra a la inspiración en su libro homónimo, se encendía en mi interior y sabía sobre qué quería escribir. 

Sin embargo, desde que subí el último post el 23 de mayo, no había podido concretar ningún escrito. No lograba concentrarme. Debo decir que pasaron una serie de eventos médicos que me alteraron. Nada, gracias a Dios, que tenga que ver con el cáncer. No me habían quitado el catéter por donde me pasaban la quimioterapia. Por protocolo médico, debían hacerme primero los exámenes anuales, pero como estos se retrasaron por la pandemia, sufrí una trombosis. Me tuvieron que quitar el catéter de urgencia. 

En casi tres meses solo había salido a ver a mi mamá para llevarle alguno de sus platos preferidos y de pronto salía, pero de urgencia para someterme a exámenes, asistir a citas en clínicas y hospitales, e inyectarme anticoagulantes en el estómago cada doce horas. Estas inyecciones atan, me tengo que estar cuidando de no golpearme, ni cortarme. Como todavía tengo hinchado el brazo y cierto malestar en el cuello donde sufrí la trombosis, no puedo levantar peso ni hacer ejercicios con la parte superior del cuerpo. Esto ha significado que no pueda ayudar mucho en casa, lo que me ha hecho sentir cada día mucho mejor, aunque me siento inútil.

El día que me hicieron la angiotomografía de tórax y abdomen,

He citado varias veces a mi amiga Angelique en otros posts, porque ella siempre tiene una salida original que me hace reflexionar. Esta que copio me la dijo cuando supo lo que me había pasado: “Entre uno más se acerca a Dios, más molesta el otro para tratar de quitarnos nuestra paz. Pero tú tranquila, yo sé que todo te irá bien. Tú cerquita con papá Dios a tu lado. No dudes de él. Jesús, en ti confío. Jesús, en ti confío”.

Corazón de Jesús restaurado que está en mi casa del cual un día contaré la historia.

Y así me hallaba: más pegada a Dios que nunca. Mis últimos posts dan fe de ello. Y, además, estaba otra vez feliz en casa, y digo otra vez porque el año pasado, debido a la quimioterapia, pasé casi otra cuarentena. La diferencia es que ahora la vivo intensamente con mi esposo, mi hijo mayor y Aída. Había empezado en un círculo espiritual semanal que había sido uno de mis propósitos del año para profundizar más en la fe. Acababa de terminar un curso de lectura. Me había integrado a una tertulia semanal que gracias a la cuarentena se abría a otros países del mundo. Y, de pronto, pasa esto. Ha sido una situación que no esperaba. Bueno, nadie espera realmente una enfermedad, pero después de haber pasado una quimioterapia por cáncer de ovario sin mayores contratiempos, y en la que incluso pude realizar mi sueño de publicar mi primer libro, no podía entender lo que estaba pasando. Un accesorio del tratamiento se convertía de pronto en una complicación mayor debido a que el COVID-19 ha acaparado la atención de todo el mundo.

Fue por estos motivos que no pude seguir escribiendo en mi blog. El fuego invisible se había ido, pero lo ansiaba intensamente. Sentía las ideas como si fueran semillas queriendo germinar en una tierra seca. Abriéndose camino sin poder encontrar cómo salir. Presentía que estaban allí, pero no lograba traerlas a la superficie. No solo fue angustiante no poder escribir, sino sentirme impotente ante lo que estaba viviendo. 

Aunque lo más difícil fue experimentar que por primera vez sentía que no podía apoyar efectivamente a otras guerreras. Dos días después de haber sufrido la trombosis, me contactó Marilyn Cobbett, quien padece cáncer de ovario desde hace siete años. Ella es prima de un amigo. Quería conversar conmigo sobre mi experiencia y comprar el libro. Estaba próxima a realizarse un examen de seguimiento después de terminar la sexta vuelta de seis ciclos de quimioterapia. El día que me escribió me había comprometido con un Live por Instagram con Maritza Pino de @MyHealinCuisine, el cual hice con mucha dificultad. Unos días después logramos hablar, pero sentía que no podía atenderla como ella se merecía y le pedí a Marta Salcedo, otra sobreviviente de cáncer de ovario, que por favor hablara con ella. Me sentí mal, pero era más fuerte el laberinto en que estaba sumida tratando de entender lo que me había pasado y lo que tenía por delante.

Hace recién unos días, después de que los nubarrones se fueron despejando, le escribí a Marilyn para saber cómo estaba. Me dijo que su último examen no había salido bien y había tenido que empezar otra vez quimioterapias. Esta sería la séptima ronda. Estas fueron sus palabras:

Bien, con el favor de Dios. Terminando de leer tu libro. Me encantó cómo dividiste los capítulos. Me parece que fui yo quien lo escribía.  Ja, ja, ja, paso a paso por lo que yo pasé también. Claro que sí te puedo decir que no sé si soy de hierro, y para esto pregúntale a Sheyla, pero en ningún momento solté una lágrima. Mi mami tuvo cáncer de pulmón una vez y se curó. Entonces, yo pensé igual: “Señor, mi mami pasó por esto y fue súper fuerte, segura de sí misma”. Yo viví un par de tratamientos con ella aquí en Panamá mientras me encontraba de visita y la veía tan bien, muy presumida con su peluca etc. Yo sentí lo mismo y pensé que sería igual. Pero cada cáncer es diferente y el de ovario is something else.

Y en otra parte me escribió:

Yo soy veterana. Deseo mucho compartir experiencias. Suerte que tu cáncer es diferente. Nadie aguanta lo que yo he pasado sin este espíritu que tengo. Para mí se convirtió en una cita dental. Mi suerte es que no sufro efectos secundarios aparte del paladar.

En ese momento experimenté una sacudida interna. Sentí que despertaba al ver a esta mujer, a esta guerrera maravillosa que se enfrentaba a rondas de quimioterapia, una y otra vez. 

Marilyn con su nieta Hanna Bela

Y se preguntarán, ¿fue Marilyn la que me hizo escribir otra vez? La respuesta es no. Marilyn lo que hizo fue hacerme pensar que Dios ha puesto en mi camino diversas opiniones médicas de los pasos a seguir para que los tome con calma. Que piense bien lo que voy a hacer. Aunque he sufrido el tercer freno en mi vida, no es nada en comparación con lo que pasan personas como Marilyn.

Al comentar con mi amigo Luis sobre el hecho de que no lograba concentrarme para escribir otra vez en el blog, me dijo que no debía sentir que era una obligación escribir en él. Que era un divertimento, un desahogo, un compartir, pero no mi centro. Que mi centro, al menos en este momento, eran mis libros y mi salud. Los libros quedan, el blog es algo pasajero. Que de pronto los posts se puedan seleccionar y publicar, pero es algo que se verá más adelante.

 Como siempre que hablamos o intercambiamos mensajes, él me hizo reflexionar. Es cierto que no siento la obligación de escribir en el blog. Pero desde que publiqué Te ofrezco mis puertas y dejé de escribir en el grupo Mi aventura, el blog ha sido mi diario, donde comparto mis vivencias, mi crecimiento como persona y mi experiencia de encontrarme cada día más con Dios. Es el espacio donde puedo compartirles historias como la de Marilyn. 

Pero para poder escribir hace falta la llama de la inspiración. Es necesario sentir ese brío en mi interior que me hace querer sentarme en mi escritorio y abrir mi corazón a los lectores de mi blog. Si bien durante este último mes estuve trabajando en el cuento ilustrado para niños y puliendo mi novela, escribir en mi blog se ha ido convirtiendo definitivamente en mi centro. 

 ¿Y qué fue lo que hizo que esté escribiendo otra vez?

Recibí un mensaje por Instagram de la cuenta de 10 minutos con Jesús: querían hablar conmigo. Me sorprendieron. Les di mi celular y al día siguiente me contactaron. Me propusieron escribir en su blog. En el momento en que estaba sin inspiración para escribir en el mío, me proponían escribir en el suyo. Ya me habían propuesto escribir dos veces al mes de un medio local, y les había dicho que no, porque no quería nada que me atara. Quería seguir sintiéndome libre de escribir cuando quisiera.

Por eso fui franca con la gente de 10 minutos con Jesús. Les dije lo que me pasaba y que no quería comprometerme. Ellos me pidieron que ojeara su página y que luego les dijera con calma qué opinaba. Esa noche, después de cenar, le comenté de la llamada a mi familia. Para mi sorpresa, mi hijo, que nunca opina mucho sobre mi faceta como escritora, me dijo: “Mamá, creo que a veces son buenos los retos”. Me impactó. Sentí una especie de ardor en mi interior.

Al día siguiente, me contactó otra de las coordinadoras. Y en ese momento les dije que iba a colaborar con ellos.

Los 10 minutos con Jesús llegaron a mi vida en marzo del año pasado cuando me diagnosticaron el cáncer de ovario, y me han acompañado todo este tiempo. Los he citado en muchos de mis posts. Ya no puedo vivir sin escucharlos cada día. Mi esposo también los escucha. Aída, mi mano derecha en la casa, también. Mi mamá. Mi hermana Marta. Muchos de mis amigos y amigas… Cómo iba a decirles que no. El fuego invisible había retornado. 

Para el momento en que publico este post, ya está disponible el que escribí para su página y que se titula: “La puerta al cielo”. Si entran a www.10minconjesus.net, lo podrán ver. 

Es así como compruebo que Dios está conmigo en cada paso que doy, en cada puerta que abro y en las horas de indecisión. Estas “diosidencias” me lo demuestran una y otra vez. No importa lo que nos pase, Él es el único que puede confortarme. Él es quien mantiene encendido mi fuego invisible.

¿Y tú, tienes también un fuego invisible?

¿Qué lo mantiene encendido?

Presentación de Te ofrezco mis puertas en la librería El hombre de la mancha (febrero 2020).

Comments(8)

    • EukEukaris de Espinosae

    • 2 semanas ago

    Hermosos testimonio gracias por compartir. Sabe que la mayoría de las que nos da cáncer tenemos a Dios en muestro corazón por eso nos damos fuerzas unas a otras y en medio de todo tenemos esperanza fé y paz al menos yo me siento así ahorita estoy en radio terapia y nada es fácil pero de la mano de Dios lo logramos y saldremos de esto en su tiempo no en el nuestro. Bendiciones

      • Luisana

      • 2 semanas ago

      Sigue escribiendo Tere.
      Ese privilegio no lo tiene todo el mundo. Esa habilidad de manifestar por medio de la escritura todo lo que te pasa con esa enfermedad que primeramente Dios vas a superar.
      No solo con tus escritos ayudas a personas que la padecen, si no que ha servido para fomentar el amor a Dios y su misiricordia.
      Dicen que las hojas de los árboles no se mueven sin la voluntad de Dios. Es lo que te ha tocado pero todo ha sido para aumentar tu fe en El y en la de muchas personas.
      Salud y bendiciones 🙏

    • MynaCale

    • 2 semanas ago

    Tere, cómo bien dices 10minconjesus es imposible dejar de oirlo cada mañana, es un elixir de vida y paz, un intimidad con la vida de Jesús. Me alegro que Pablo José te diera ese empujón para aceptar tan gra deferencia, 👍

    • Myriam Lemos de Pretto

    • 2 semanas ago

    Tere como una gran amiga tuya puedo ver y sentir que para ti está experiencia del cancer lo has tomado en tu vida como un premio que te ha llevado a penetrar un camino hermoso de flores hacia Jesús .
    10 minutos con Jesús fuiste tú o Angelic que me incluyeron y es una verdadera bendición en mi vida .

    Bendición
    Myriam

    • Ines Santini

    • 2 semanas ago

    Tere, Dios es fiel! Protege siempre a los que le aman. Tu eres una mujer noble que abre sus puertas al que lo necesita. Gracias por compartir estas bellas historias que nos dan a conocer de otras igualmente admirables. Un abrazo y bendiciones!

    • Marta

    • 2 semanas ago

    Tere me fascina que tu fuego invisible tiene la llama altísima. Sigue escribiendo, que es un don de Dios que te permite transmitirnos bellas vivencias que nos hacen acercanos más a El.

    • Denise Arosemena

    • 2 semanas ago

    Enhorabuena Tere!

    Que Dios te siga Bendiciendo y mantenga siempre en ti la inspiración divina para seguir escribiendo tan bellos testimonios de vida!

      • Carmina de Moreno

      • 2 semanas ago

      Como siempre tus escritos nos inspiran a acercarnos más a Jesús. Abrazos

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