Blog

fullsizeoutput_8fc8

Hace unos días, mi amiga Ángela Healy me hizo un reto por Facebook: me nominó a publicar diez días de fotos de viajes. Eran diez días, diez fotos, diez viajes, diez nominaciones y cero explicaciones. Me han hecho varios retos de todo tipo durante la cuarentena. Hasta este momento solo había aceptado uno. Los otros no me llamaban la atención o me hubieran quitado mucho tiempo. Pero este reto en particular me interesó, pues me haría revivir muchos viajes inolvidables y porque hay además dos motivos especiales que hoy quiero compartir con ustedes.

El primero es que llevaba días con ganas de escribir sobre mi querido amigo Abilio Menéndez, quien falleció recién hace un año. Y quería hacerlo a través de los viajes que él me había ayudado a planear. Así que el reto de Ángela me alentó aún más a escribir sobre Abilio, quien trabajó la mayor parte de su vida en líneas de cruceros, lo que le permitió viajar por todo el mundo. Él era una persona fascinante, con una voz ronca y un tono muy modulado; siempre tenía un cuento, un chiste en los labios. Nunca se casó. Tenía un solo hermano que murió bastante joven. Ramiro y él se conocían desde la adolescencia. Cuando nos casamos, yo tenía veintiún años y Ramiro treinta y uno, así que sus amigos eran mucho mayores que yo. Con los años, al ir madurando, los empecé a tratar más. Así fue como conocí a Abilio. Era un gusto sentarse a conversar con él. No me cansaba de escucharlo. 

Ramiro y Abilio en uno de los recesos de su tratamiento en Valencia, España.

El segundo motivo para aceptar el reto fue que a Ángela la había desafiado su hermana Nelly, quien había perdido a su esposo Luis hacía poco. Tenía apenas cincuenta y cinco años cuando murió a inicios de abril de este año, después de sufrir un derrame cerebral. Ramiro y él se apreciaban y bromeaban mucho; mi esposo le decía que se parecía a George Clooney. Y yo coincidía. Luis era muy amigable, conversador, alegre, le gustaba mucho el mar y carnavalear en Penonomé. Era muy apreciado por todos. Lo recuerdo siempre con una sonrisa. A Ramiro le afectó muchísimo su muerte. 

Luis y Nelly disfrutando del mar: pasión que compartían.

Un día le escribí a Nelly para saber cómo estaban ella y sus hijos, Carolina y Luis Miguel, me respondió: “Todavía no terminamos de aceptar lo ocurrido, pero poco a poco nos irá entrando. He pasado ratos largos buscando fotos para conservar fresco el recuerdo de Luis”. Incluso por esos días publicó en Facebook un álbum de fotos titulado In Memoriam. Además, ella me compartió la carta que leyó su hija Carolina el día del entierro, que se tuvo que celebrar a puertas cerradas por las normas de la cuarentena. Su lectura me arrancó lágrimas. El escrito iniciaba así:  

“Hoy estamos aquí reunidos a pesar de los momentos difíciles que estamos enfrentando por la pandemia. Pero es precisamente en momentos como estos que debemos recordar a mi papá y usarlo como ejemplo para salir adelante. Mi papá era un hombre enamorado de la vida. Aunque debiera permanecer encerrado por una situación como esta, él permanecía positivo y buscaba la manera de animarnos y entretenernos y hacernos reír”.

“En esta vida siempre te van a tirar piedras, siempre te van a atacar, es como una guerra, y una batalla como la que luchamos todos los días no se puede ganar sin armadura y escudo. Tú eres esa parte de mí, mi escudo, el que siempre me cuidaba no solo de las cucarachas, arañas y fantasmas de la casa, sino también contra toda bala y toda roca que me arrojara la vida. Porque sin tu amor, sin haber tenido tu voz junto a mí, no tendría mi fortaleza y no sería tan buena guerrera como lo soy hoy”. (Extracto de la carta de despedida de Carolina).

Así que me dije: si Nelly puede hacer este reto en este momento con la pérdida repentina de su esposo, yo también lo haré. Y si Carolina, en medio del dolor por la pérdida de su papá, puede escribir esa carta tan hermosa, yo me voy a sumergir en mi pasado para vivir esos momentos en el presente. 

Hay una frase que Kodak hizo famosa hace décadas: “Recordar es volver a vivir”. Nos vendía la idea de que sus cámaras eran dispositivos para atrapar la vida. Y lo cierto es que eso son las fotografías: instantes de nuestras vidas.

Quienes leyeron Te ofrezco mis puertas saben que en febrero de 2016 sufrí un accidente que pienso me preparó para la prueba del cáncer que llegaría tres años después. Ese mismo año teníamos programado un viaje por el Mar Báltico con nuestros dos hijos. Era uno de los lugares que yo soñaba conocer. Pero ocurrió el accidente. Durante mi recuperación, Abilio, en uno de sus recesos de sus viajes, llegó a visitarnos. Ese día yo estaba poniéndome hielo y calor en la herida de la mano, que fue mi rutina por meses. Le conté del viaje y que no sabía si podríamos ir. Fue como si de él brotara una fuente inagotable de pasión. Sus ojos brillaban al hablarme de cada uno de los puertos en que pararía el crucero. Me dijo que debíamos quedarnos al menos dos o tres días en Estocolmo, que era el puerto de donde saldría el barco. “Tere, en Estocolmo tienen que quedarse en el Gran Hotel”. Lo dijo con ese tono de voz peculiar, como si estuviera entonando una canción. La charla continuó hasta tarde. Ese día me olvidé por completo del malestar de la mano que, por esos días, dadas las intensas terapias, me dolía mucho. A partir de ese momento nuestra comunicación no cesó, tanto por correo electrónico como por celular. Abilio hizo el contacto con una guía del lugar para que nos armara los tours y, por supuesto, reservé en el Gran Hotel. Yo seguía con los planes, pero no sabía si podríamos viajar. Teníamos un seguro para cancelar el crucero sin penalidad y, llegado el día tope para hacerlo, el doctor me dijo: “Tere, si quieres viajar, hazlo. Solo tienes que llevarte tu bolsa de hielo, un pad caliente y seguir con tus ejercicios”. Para ese momento ya no tenía ningún malestar en la espalda. Pero fue realmente el entusiasmo de Abilio lo que me hizo continuar con los planes. Él me puso también en contacto con guías en los puertos de Dinamarca, Estonia, Finlandia, Alemania y San Petersburgo.  

Finalmente, llegó el día del viaje y nos quedamos en el Gran Hotel de Estocolmo como Abilio nos había sugerido. Se trataba de una construcción imponente del año 1874. Era como estar en un sueño. Nunca nos habíamos quedado en un lugar tan espectacular. Además, estaba situado frente a una ensenada, cerca del Palacio Real y la ciudad antigua. El día que llegamos yo estaba cansada. Solo quería entrar al cuarto a ponerme el hielo y el calor en la mano para aliviar el dolor. Después de cenar, busqué en la habitación dónde conectar el pad eléctrico al que le habíamos puesto un transformador de corriente. Ya el hielo lo tenía en la bolsa que había traído para ese fin. Así que esa noche dejé que el pad se calentara sobre una poltrona de corte antiguo y tela estampada mientras me ponía mi pijama en el baño.

Ramiro me cuenta que, mientras veía la televisión, de pronto en la pantalla se reflejó una llamarada. Se volteó, y advirtió que el sofá estaba prendido justo en el lugar donde estaba el pad. Se levantó presuroso y con el mismo pad logró aplacar el fuego que consumía el sofá y después forzó la ventana para sacarlo y tratar de que el cuarto se ventilara. 

Desde el baño, yo escuché a Ramiro gritar: “Tere, fuego, fuego”. Al salir, él ya estaba en la ventana. Se sentía un olor amargo y el cuarto estaba lleno de humo. Empezamos a toser. Recuerdo que la garganta me ardía. Empapé una toalla de agua y se la puse encima al sofá. No nos quedó más remedio que llamar a la seguridad del hotel. Lo extraño es que la alarma de incendio no sonara. Ese día había una gala de cine en el hotel, así que estaba muy concurrido. No sé qué hubiera pasado si llegaba a sonar. De ese modo iniciábamos el viaje que tanto habíamos planeado, pero es una anécdota que siempre nos ha hecho recordar a Abilio y su voz profunda diciéndome: “Tere, tienen que quedarse en el Graaan Hoteeel”. Además, siempre bromeamos con que el titular del periódico del día siguiente pudo haber sido: “Panameños casi incendian el Gran Hotel”.

Ramiro y yo frente al Gran Hotel.

Ese viaje fue idílico en todo sentido. De los guías que tuvimos me he mantenido en contacto con la que nos atendió en San Petersburgo: Xenia. Siempre le he dicho que tiene que visitarnos en Panamá. Habla un español perfecto que aprendió en la universidad. Atendió también a nuestros amigos Eduardo y Marta Molino cuando visitaron Rusia. Recientemente le escribí para saber cómo estaba. En su cuenta en Instagram, @videosrusia (Rusa pelirroja con gato negro), comparte videos y fotos de su país. Pienso mucho en ella, que como otros trabajadores del turismo están entre los sectores económicos más afectados de esta pandemia. 

Con Xenia en la avenida Nevsky en San Petersburgo; Atrás un señor disfrazado ofreciendo predicciones.

Otro de los lugares que soñaba con visitar era la Riviera Francesa. Planeamos el viaje para el año 2017 y, por supuesto, otra vez Abilio fue mi consejero sobre dónde era mejor dormir, cuántos días debía quedarme en cada lugar, qué hacer. El centro de la acción sería Niza desde donde nos movimos a conocer los diversos lugares. Recuerdo como si fuera hoy cuando Abilio me dijo: “Tere, tienen que quedarse al menos una noche en Carcassonne”. Un lugar sobre el que nunca había escuchado y que estaba algo fuera de la ruta que inicialmente había planeado. Pero fue tal su insistencia que logré ajustar los tiempos para poder conocerlo. Es más, en lugar de una noche nos quedamos dos y fue espectacular. Era una ciudad medieval, con varias torres de observación y fortificaciones. También por recomendación de Abilio hicimos un tour nocturno. La guía nos recibió con dos antorchas encendidas para que las sostuviéramos durante todo el recorrido, con lo cual nos envolvimos en la atmósfera de esos siglos mientras nos narraba la historia del lugar. También conocimos el Canal du midi o Canal del mediodía, que comunica por vía fluvial el Atlántico con el Mediterráneo. Es el canal navegable en funcionamiento más antiguo de Europa. Los insto a que investiguen sobre este tesoro cuya construcción demoró quince años y que funciona con la misma técnica de las esclusas del Canal de Panamá. En 1970 cesó su operación y actualmente está dedicado únicamente al turismo. Gracias a Abilio pudimos navegar por sus aguas apacibles.

Recorriendo el Canal du midi

Pero el año 2017 Abilio fue diagnosticado con cáncer: tenía un melanoma en uno de sus muslos. De ser un hombre acostumbrado a viajar por el mundo, quedó sometido a la rutina de las pruebas médicas.  Se ofreció para un tratamiento experimental en Valencia, España. Siempre estuve en contacto con él. Le preguntaba cómo estaba y él respondía con alguna broma. En diciembre de 2018 vino a pasar las navidades en un receso del tratamiento. Mientras se encontraba en el Club Unión, reunido con un grupo de amigos estuvo muy silencioso. Recuerdo claramente que Ramiro me lo comentó ese día al regresar a casa. A los pocos días lo tuvieron que internar. Estuvo primero en cuidados intensivos. Ya no se recuperó. El cáncer le había hecho metástasis en el cerebro. Lo fui a visitar al hospital y también un sábado en la tarde, cuando ya estaba en su casa en La Cresta. Murió el 4 de mayo de 2019 después de una larga convalecencia que incluyó quimioterapia para intentar reducir los tumores. Le sobrevive su mamá Leticia, quien tiene en este momento más de 90 años. Es una señora muy alegre, optimista y con una fortaleza impresionante. También su tía Telma, que era como su segunda mamá.  

Abilio hizo que conociera lugares increíbles. Me alentó a hacer tours que no hubiera pensado hacer nunca. Hay un viaje que él me describió a la perfección: un crucero que sale de Vancouver hasta Alaska. Una vez sea seguro viajar y haya una vacuna para el Covid-19, planearé ese viaje. Claro, significará viajar en un crucero, un medio de transporte devaluado en este momento. Pero ahora es mejor vivir el día a día. 

Ramiro y yo en Carcassone

Seleccionar las fotos para cumplir el reto fue un viaje fascinante al pasado e igualmente al presente, viendo cómo es ahora esta Tere en comparación con la que aparece en las diversas fotos que empecé a seleccionar. En esos años no sabía que estaría enfrentada a la prueba del cáncer de ovario. Si bien ya estoy en remisión y en seguimientos periódicos, la huella que ha dejado en mí es la de una llama que no se extingue. He entendido que su propósito es mantenerme alerta para apreciar y disfrutar cada momento, no importa dónde esté; también para acercarme más a Dios y ayudar lo más que pueda a que otras personas sobrelleven la prueba del cáncer y se enfoquen en el hoy sin dejar que la enfermedad domine sus mentes.

Los invito a que hagan lo mismo: vean sus fotos, sus recuerdos, y espero que, como en mi caso, enciendan una llama de vida y esperanza dentro de ustedes y mantengan la fe de que todo esto pasará.

Este post es un homenaje a dos hombres enamorados de la vida: Abilio y Luis. Pienso que, de haberse conocido en esta vida terrenal, habrían congeniado en seguida. Quién sabe si ahora que los entrelazo en este escrito puedan encontrase en el cielo. 

Carolina en el cierre de su carta de despedida a su papá también lo piensa: “Sé que ya estás haciendo nuevos amigos e inventando tu próxima barbacoa para hacer fiesta y hacerlos reír a todos en el cielo. Descansa en paz, papi”.

Comments(21)

    • Antonio Enríquez

    • 2 meses ago

    Muy emotivos recuerdos de un «hermano» y compañero de aventuras!
    Muchas gracias, tu escrito abre recuerdos alegres que cubren decenas!

      • Maribel Orillac

      • 2 meses ago

      Bellísimo Tere, a Luis no lo conocí pero si a Abilio con quien estuve la ultima vez que fui a Valencia. En ese entonces vivia en Barcelona y cuando se entero que Alonso y yo íbamos para Valencia cogio tren para vernos y acompañarnos todos esos días! Siempre estando cerca de sus amigos y compartiendo anécdotas de su vida y sus viajes! Lo extrañamos mucho!

    • Clarisa Kelley

    • 2 meses ago

    Hola tere está muy bonito tu mensaje y recuerdos de amigos que están en el cielo y los retos que hay que seguir adelante con fe
    Saludos Clarisa

    • EukEukaris de Espinosa

    • 2 meses ago

    Que relato tan bonito. Dan deseos de conocer esos lugares donde usted fue la amistad es una de las cosas mas bellas q tenemos ,al igual q nuestros recuerdos muchas gracias por compartir

    • Aminta Orillac

    • 2 meses ago

    Gracias Tere simplemente hermoso, te agradezco el compartir esos bellos e inolvidables momentos, pero más aún cada mensaje qué hay de tras de tus escritos. 😘

    • Linette

    • 2 meses ago

    Que emotivo este relato Tere!!! Hay personas que marcan tanto a otros la mayoría de las veces sin saberlo siquiera y se convierten en referentes de diversos temas. Abilio siempre estará presente cuando planees un viaje y se que sonreirás cuando recuerdes con cuanto entusiasmo te hablaba de lugares maravillosos para conocer !!! Las personas queridas que se nos adelantan no mueren nunca en nuestros corazones. Un abrazo

    • Maribel Quintero

    • 2 meses ago

    Hola Tere, hermoso relato. Como ya le comente antes, la forma como escribe y relata, es como si estuvieramos sentada juntas en ese momento compartiendo. Nos involucra y nos hace participe de esa misma emoción que siente .

    • María Carrizo

    • 2 meses ago

    Hermoso relato! Tere gracias por compartir tus experiencias de vida y por dar significado a las palabras de una manera tan positiva e inspiradora siempre. Un fuerte abrazo. María

    • Markelda

    • 2 meses ago

    Hola Tere
    Fascinante testimonio y relato de sus viajes. Me hizo trasladar a esos paisajes y esa historia tan enriquecedora.
    Dios tenga en su gloria a esos dos hombres tan especiales.
    Le felicito y la exhortó a seguir escribiendo.

    • Noris Alderson

    • 2 meses ago

    Muy bonito tu escrito Tere! Lindos recuerdos de estos 2 amigos. Con tu relato sentí conocerlos y me transportaste a tus viajes. Espero puedas ir a Alaska pronto!
    Me alegra que hayas encontrado en la pluma, éxitos y felicidad! que no solo proyectas, sino que nos haces sentirla.
    Me alegro que nuestra amiga Ángela te haya inspirado a través de este reto.
    Un abrazo,
    Noris

    • Magally Garcia

    • 2 meses ago

    El post como todos reflejas y lo narras con tantos y lindos detalles que el lector se mete en tu aventura!! El incendio dentro del hotel que experiencia😃😃los recuerdos de tus dos amigos que descansan en la casa del Señor. Les digo siempre a mis hijos que ahora lo que Nos importa es compartir y dejarles lindos recuerdos asi siempre nos tendran presente en sus vidas.

    • Eduardo Molino Paz

    • 2 meses ago

    Tere gracias por este nuevo relato. No tuve el privilegio de conocer a Luis ni a Abilio, pero si recuerdo que, mencionaste al segundo cuando hablabas de tus viajes. Que DIOS LOS TENGA EN SU GLORIA, fortaleza y resignación para sus familias.
    Que lindo es recordar que «nadie nos quita lo bailao». Viajar es un privilegio. Conozco muchas personas que, nunca han viajado y que no podrán hacerlo.
    Recuerdo el viaje que hicimos con ustedes a Bogotá, hace un par de años, nos hospedamos en distintos hoteles, respetamos espacios y gustos y rumbeamos en Andres.
    Que el COVID 19 no nos impida seguir soñando y recordando. Ha logrado impedir temporalmente que viajemos, pero no «nos ha quitao lo bailao».
    Esperemos con FE mejores tiempos.

    • Yolanda Mendez

    • 2 meses ago

    Realmente te felicito Tere tienes una facilidad para trasmitir los sentimientos. Los mejores recuerdos deben florecer siempre

    • Marta Molino

    • 2 meses ago

    Tere me transporte en tus viajes y nada como buenos asesores y amigos Luis y Abilio.
    Como dijo Eduardo, gracias a Dios hemos tenido la oportunidad de viajar y ahora estamos en pausa, pero todo pasa, estamos con salud y eso es lo que vale.

    • Ines de Santini

    • 2 meses ago

    Tere, hermoso escrito. Como siempre tu sensibilidad hace que podamos vivir esas bellas experiencias. Tanto Abilio como Luis son ángeles que cuidan de sus seres queridos. Gracias por compartir y Dios les bendiga. Un abrazo!

    • Maria Calzada

    • 2 meses ago

    Gracias por tu blog, Tere. Me encantó tu homenaje a esos dos hombres inolvidables.

    • Liliana

    • 2 meses ago

    Lo importante son las memorias que dejan en su familia y amistades
    Dos amigos que lo lograron.

    • Myriam Lemos de Pretto

    • 2 meses ago

    Tere que lindo como relatas anécdotas de dos amigos que fueron parte de tu vida que dejaron una huella muy profunda en ti .
    Me encanta la frace recordar es vivir y traer al presente los momentos inolvidables que nos dieron mucha felicidad .
    Bendición

    • Sonia H. de Castro

    • 2 meses ago

    Hola Tere hasta hoy he podido sentarme a leer tu post. Te felicito porque en la forma en que has narrado tus aventuras me he sentido viajando y viviendos tus experiencias. Que pena no conocí a tus amigos pues me hubiera fascinado conocerlos sobretodo a Abilio ya que compartimos el mismo gusto: viajar. Para mí el placer mas grande es visitar lugares, conocer sus historias y ver las costumbres de cada lugar. Si debió ser una persona interesante y amena. Sigue escribiendo pues tienes esa madera innata de un escritor. Te agradezco muchísimo que me lo hayas compartido. Lo disfruté cantidades. Te quiero mucho. Abrazos.

    • GRACIELA GARRUDO V.

    • 1 mes ago

    Tere qué hermosa narración de las experiencias de vida con estas dos personas que se nos adelantaron. Gracias por tener presente a nuestro querido Abilio.

    • Denise Arosemena

    • 1 mes ago

    Gracias Tere por compartimos este hermoso post sobre los recuerdos y vivencias de tus viajes a lugares tan maravillosos y Honrar la memoria de dos amigos tan importantes en tu vida. Tus escritos siempre nos dejan mensajes de vida. Un abrazo. Bendiciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *